
El blog
Un dia Peronista publica este texto que me pareció bueno para compartir
Un día como hoy pero mañana faltará solamente un año y un día para que nuestro país cumpla doscientos años. No es joda, ya se puede decir que tenemos un tramo importante de camino recorrido.
En aquella gesta, la del 25 de Mayo, los hombres de verdad que la protagonizaron eran mucho menos edulcorados que sus versiones históricas. Tal es así que un Berutti, un French, nombres que hoy identifican a calles lindas en barrios lindos, eran personajes más parecidos a D’Elía o a Moyano que a quienes hoy suelen embanderarse bajo los ideales de Mayo para vendernos moralina en vez de presentarnos ideas. La plaza del 25 fue eso: aparato, negros, banderas, mazamorra (que era el equivalente del chori en aquella época). French y Berutti dejaban pasar sólo a los compañeros. Su función fue la de movilizar, asegurar la calle, evitar que los contras hagan número y encauzar el descontento para que no haya violencia, o para que sí haya violencia, si fuese necesaria. No repartieron escarapelas, repartieron distintitvos que hacían las veces de “invitaciones”. En las esquinas del Cabildo había piquetes, y el que no tenía una cintita roja era un conspirador y le daban palos. La ñapi que se comió aquel ignoto procesista del litoral a manos de Luis D’Elia fue una caricia comparada con la que te hubiese hecho pasar French. A ver si nos entendemos: la agrupación de D’Elia se llama Federación Tierra y Vivienda; la de French y Berutti era conocida como La Legión Infernal. Posta.
Mariano Moreno, por ejemplo -hoy retratado por los grandes medios de comunicación como el Patrono de la Libertad de Prensa- fue un jacobino consagrado, un revolucionario con todas las letras. Es decir, el Polémico Secretario Moreno que hoy nos retratan desde la prensa, en términos de “apriete” y “falta de diálogo”, es una carmelita descalza. Aquel Secretario Moreno -tan Polémico que terminó envenenado- ante la duda, te mandaba a cortar la cabeza.
Otro que no andaba con vueltas era Belgrano, que así como lo ves en sus retratos, todo peinadito medio mambrú, maquilladito y fino, dijo en esos días:
¡Juro a la patria y a mis compañeros, que si a las tres de la tarde del día inmediato el virrey no hubiese renunciado, a fe de caballero, yo le derribaré con mis armas!”
El 25 de Mayo se hizo a punta de cuchillo, con los negros amontonados en las puertas de los despachos, gritando, exigiendo, demandando. Aquellos hombres -rudos, de armas tomar, y de vino, también- iban al frente como pocos, no eran nenes de pecho. Estos muchachos eran pesados, con convicciones temerarias, arrolladoras, durísimas, innegociables.
El filtro que los libros de historia le hacen a la verdad los ha ido vaciando. Los fue convirtiendo en figuritas de álbum, en maquetas que los chicos de primer grado llevan a la escuela para mostrarle a la maestra, y que vienen previamente troqueladas en revistas escolares.
Norberto Galasso ha escrito que hubo varios Mayos y no uno sólo. A la versión dietética que supo escribir Mitre, agregó la populachera y revolucionaria de Moreno.
En su visión, Cornelio Saavedra fue un intermediario entre las dos mencionadas. Es decir, primero la revolución, después el piloteo a vuelo de planeador, posteriormente el arribo de los liberales al poder. Fue ahí que decidieron cambiar de jefes: en vez de someterse a los españoles decidieron someterse a los ingleses.
Esa Revolución de Billiken, de gente linda con escarapelas y paraguas, es la historia que escribieron los liberales cuando se quedaron con las oficinas del Cabildo y echaron a los demás; y esa pugna, de liberales contra revolucionarios, es la misma pugna de siempre, la misma pugna de hoy. A lo largo de la historia a ido tomando diversos nombres y colores: unitarios y federales, radicales y conservadores, peronistas y gorilas, etc.
A casi doscientos años no ha cambiado mucho nada, y la disyuntiva es prácticamente idéntica, porque la Revolución de Mayo no terminó, es una revolución suspendida, inconclusa.
Eso es tan así que muchos de los chabones que hoy ponen la cara en los billetes han sufrido el exilio, el destierro y la muerte fuera de su patria. Moreno fue asesinado. Belgrano, olvidado en vida y muerto en soledad. San Martín y Rosas vieron crecer las flores desde abajo en otros países. El mismo destino acechó a Perón, pero una dura lucha permitió que volviera para morir aquí. Ellos lucharon por construir un país en el que todos tengamos las mismas posibilidades de ser felices. Así de simple.
Y esa es la Historia de los Argentinos: una serie de intentos por concluir una revolución que empezó hace casi doscientos años y que todavía no terminó.